¿Qué es el análisis ABC?
El análisis ABC agrupa los artículos del inventario en tres categorías según su contribución al valor total de ventas o consumo, no según su número de unidades.
Se basa en el principio de que un porcentaje pequeño del catálogo (A) suele representar la mayor parte del valor, mientras que muchos artículos (C) aportan poco individualmente.
La idea no nació en logística: proviene del principio de Pareto, formulado a partir de la observación de que una minoría de causas suele explicar la mayoría de los efectos. Aplicado al inventario, esto significa que no todos los artículos merecen el mismo nivel de atención, y tratar a un producto de bajo valor con el mismo rigor que a uno de alta rotación es un desperdicio de tiempo y recursos del equipo.
Cómo clasificar A, B y C
Ordene los artículos por valor de ventas o consumo anual de mayor a menor, y calcule el porcentaje acumulado sobre el total.
El valor de cada artículo se calcula multiplicando el volumen de ventas o consumo anual por su coste o precio unitario, no solo por el número de unidades vendidas: un artículo que se vende poco pero a un precio alto puede pesar más que uno que se vende mucho pero es muy barato. Una vez calculado ese valor para cada referencia, se suman en orden descendente hasta obtener los umbrales acumulados.
- A: los primeros artículos hasta acumular aproximadamente el 80% del valor total (normalmente entre el 10% y el 20% de las referencias)
- B: los siguientes artículos hasta acumular alrededor del 95% (suelen ser entre el 20% y el 30% de las referencias)
- C: el resto del catálogo, que aporta poco valor individual aunque sea numeroso (a menudo más del 50% de las referencias)
- Los porcentajes 80/95 son una guía orientativa, no una regla fija: cada catálogo tiene su propia distribución y conviene revisar los cortes según el negocio
Qué hacer distinto por categoría
Los artículos A merecen conteos más frecuentes, puntos de pedido ajustados y seguimiento cercano de proveedor, porque un error ahí cuesta más caro.
Los artículos C pueden revisarse con menos frecuencia y con puntos de pedido más holgados, liberando tiempo del equipo para centrarse en lo que realmente mueve el negocio.
Los artículos B ocupan un término medio: no requieren el control diario de los A, pero tampoco conviene ignorarlos como a los C. Un enfoque habitual es revisarlos mensualmente y aplicar puntos de pedido intermedios, ajustándolos si un artículo B empieza a moverse hacia A o C por un cambio en la demanda.
Errores comunes al aplicar el análisis ABC
El error más frecuente es clasificar por unidades vendidas en vez de por valor: un artículo puede venderse mucho y pesar poco en el resultado económico, mientras que otro con pocas ventas puede ser crítico por su margen o su coste de reposición.
Otro error habitual es hacer la clasificación una sola vez y no revisarla nunca más. La demanda cambia con la estacionalidad, las promociones y los lanzamientos de producto, así que un artículo A en enero puede convertirse en B o C unos meses después. También conviene evitar aplicar el mismo criterio de valor a artículos con funciones muy distintas dentro del negocio, como piezas de recambio críticas que rara vez se venden pero cuya rotura de stock detiene toda una operación.
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